En la Secretaría de Hacienda cada dirección trabaja de modo diferente. Por ejemplo (y cito a la jefa de un despacho de contabilidad): “Auditoría solo considera XML timbrados vigentes en el mes incluyendo todos, sin importar la terminología del XML, pero Recaudación considera los XML del mes sin considerar que corresponden a operaciones de meses o años anteriores, y por su parte Resolución miscelánea establece reglas que ni Recaudación ni Auditoría consideran válidas. Esto a los ciudadanos nos enfrenta a tener que decidir ¿a quién se obedece? Y si bien sabemos que se le debe obedecer a las reglas misceláneas, ¿qué se hace si son incompatibles?”
Cuando le pregunté esto a personal de la propia Secretaría, su respuesta fue: “Si es que en aclaración la autoridad (Auditoría o Recaudación), pretende obligar a pagar por supuestas discrepancias, el contribuyente debe recurrir al amparo, ir a juicio o pagar aún sin deber”.
¡Una respuesta genial que retrata de cuerpo entero lo que es nuestro país! Como aquí las leyes, normas, reglas e instrucciones no solo se modifican a cada rato, sino que son incompatibles entre sí, el ciudadano siempre estará en falta, haga lo que haga. Y si lo quiere resolver, dado que ir a juicio o solicitar un amparo es una tarea prácticamente imposible para una persona común que no dispone de tiempo o recursos, seguramente le resultará más sencillo “pagar aún sin deber”, como recomendó el burócrata citado.